Con el objetivo de ofrecer una herramienta alternativa para el monitoreo del Dengue, la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) y el Ministerio de Salud de la Nación publican anualmente un mapa de riesgo ambiental que califica distintas regiones según su nivel de vulnerabilidad a la enfermedad. Para generarlo, se combinan imágenes satelitales y datos in situ, es decir, información recolectada por ambas instituciones.

Desde el año 2011 esta tecnología busca establecer en qué lugares las condiciones ambientales son propicias para la dispersión del Aedes Aegypti, el mosquito que propaga el Dengue. De hecho, utiliza imágenes satelitales para estimar ciertas variables que influyen en su aparición, como la humedad, la lluvia, la temperatura y el uso del suelo. “En conjunto con datos que colecta in situ el Ministerio de Salud, referidos principalmente a cuestiones propias de la enfermedad, generamos un combo de información que se puede moderizar con algoritmos específicos para obtener este mapa”, explica a E-Health Reporter Latin America la doctora Sandra Torrusio, investigadora principal de la CONAE.

¿Cómo se construye el mapa?

  1. La CONAE recolecta los datos que arrojan las imágenes satelitales durante un año
  2. Los profesionales del Ministerio de Salud recogen información in situ
  3. Los expertos de la CONAE analizan la información in situ, la combinan con datos propios y estiman las variables ambientales
  4. Ambos elaboran un mapa que colorea diversas regiones argentinas con rojo, naranja, amarillo o verde, según el nivel de riesgo respectivamente: alto, medio, medio bajo o bajo

“Trabajamos con el Ministerio de Salud y sus dependencias para alimentar los modelos con mejores datos y generar mapas más precisos. Si lo que uno ingresa no es suficiente, el producto que se lanza no va a ser bueno. El tener la informática a disposición, con estas herramientas fáciles, favorece a los que no son especialistas en un tema a entender las cosas más amigablemente”, destaca Torrusio.

Dada la estandarización de los datos, el punto fuerte de este mapa es su función interoperable. Quien tenga interés en trabajar sobre él podrá colocarlo en cualquier sistema de información geográfica sin necesidad de realizar mayores cambios, puesto que los datos están almacenados en formato WMS y bajo las normas ISO de datos geográficos. “Estos productos ya son ‘de siglo’ gracias a su interoperabilidad y a su uso público y universal”, concluye Torrusio.

DATO: El grupo de profesionales de la CONAE que trabaja desde el Centro Espacial Teófilo Tabanera de Córdoba está compuesto por biólogos, físicos e informáticos.