Algunas regiones y comunidades autónomas de España que tienen (o tendrán en breve) operativos sus dispositivos de receta electrónica, ya observan que las visitas y la demanda asistencial se ha reducido entre el 20 y el 50 por ciento. Pero al mismo tiempo, se ha constatado que el paso a la e-receta ha coincidido con un aumento del gasto sanitario.

Los centros de salud de Andalucía, Extremadura, Cataluña, Comunidad Valenciana y Baleares, las comunidades autónomas que tienen plenamente operativos sus dispositivos de receta electrónica o prevén completarlos en breve, ya han empezado a observar que la promesa tecnológica se cumple: las visitas se han visto reducidas en una franja que va del 20 al 50 por ciento, en función del perfil de la población a la que dan asistencia.

Sin embargo, no son precisamente los médicos los profesionales que más se han beneficiado de esta medida. Josep María Coll, vocal de la Sociedad Balear de Médicos de Familia y Comunitaria, explica a GM que en algunos centros de la comunidad la prescripción de crónicos la asumían ya los profesionales de enfermería, que sí han advertido los cambios. En cualquier caso, reconoce que la experiencia, en general, resulta satisfactoria, y admite que se ha notado la reducción de la presión asistencial. Una visión que enlaza con la que describe el presidente del Consejo Extremeño de Farmacéuticos, Cecilio Venegas, que asegura que las cifras en su comunidad reflejan un descenso de hasta el 50 por ciento en las visitas a algunos centros de salud.

Pero la experiencia de los médicos catalanes es bien diferente. Jorge Soler, médico de familia de Camfic en Lleida, una de las provincias pioneras en el desarrollo de la e-receta, afirma con rotundidad que lejos de restar carga burocrática a los facultativos, la llegada de la nueva tecnología les ha dado más trabajo: “”No se nos ha reducido la presión asistencial porque estamos haciendo las recetas que antes hacía la enfermera””. Soler incide en que el médico debe realizar cualquier cambio en la hoja de prescripción de los pacientes. Eso sí, admite la posibilidad de que algunos enfermos acudan menos a la consulta y, por tanto, no aprovechen la visita para interesarse por asuntos menores o plantear nuevas demandas.

Resulta difícil medir en términos económicos el ahorro que puede representar para el sistema sanitario la reducción del número de visitas que, por otra parte, todavía no puede cuantificarse con exactitud. Lo que sí se ha constatado, según el presidente de los farmacéuticos extremeños, Cecilio Venegas, es que en muchas de estas comunidades el paso a la receta electrónica ha coincidido con un aumento del gasto sanitario. “”Ahora mismo estamos comparando el gasto en meses con e-receta y sin ella, y hay un incremento de casi el 10 por ciento. Ocurrió en Baleares cuando se implementó y también en Andalucía””, corrobora el portavoz de los farmacéuticos. Venegas añade que, aunque considera que se trata de un ajuste “”normal””, no deja de ser notable.

En su opinión, este hecho tiene que ver con la accesibilidad a los medicamentos. “”Se retiran todas las prescripciones que antes o no se hacían o no se recogían en la farmacia””, advierte. Un ejemplo es el ácido fólico, cuya venta con receta se ha disparado. La razón, que el médico prescribe el tratamiento a la mujer embarazada para toda la gestación, mientras antes adquirían con receta la primera caja y en sucesivas ocasiones pagaban el precio completo por evitar la visita al médico.

Desde la Sociedad Española de Informática de la Salud (SEIS), Alberto Gómez Lafón y Vicente Hernández, miembros de la junta directiva, consideran que es más una queja de las administraciones regionales. “”Efectivamente, este crecimiento es un ajuste temporal y en todo caso hay que matizar en profundidad la afirmación de que es la tecnología la causante””, aseguran. Aun así, creen que no se ha producido en todas las comunidades autónomas.

Los expertos insisten en que es “”absolutamente necesario impartir cursos de formación a facultativos y farmacéuticos sobre el manejo de la herramienta, para que no se produzcan efectos indeseados, relacionados con la correcta interpretación (tecnológica) de las posologías y pautas de tratamiento, así como fijar unas reglas de dispensación que no generen fenómenos de acumulación de medicamentos””.

Por su parte, Venegas indica que todavía es preciso realizar ajustes a pequeña escala: los médicos, por ejemplo, tendrán que afinar respecto a la posología, advierte. En Baleares, por ejemplo, aún quedan por resolver los frecuentes problemas técnicos del sistema, la principal queja de los facultativos.

Ajustado el engranaje, el resto de ventajas que plantea pasarán a un primer plano. Para la SEIC la reducción del número de errores en la prescripción y la dispensación es una de las más importantes, sin contar con la reducción de los desplazamientos de los ciudadanos, algo especialmente importante en el ámbito rural. Para los médicos, que facilita el cumplimiento terapéutico, proporcionándoles, por ejemplo, información sobre si los pacientes retiran la prescripción de la farmacia.