Si bien la telepresencia y la teleasistencia son prácticas aplicadas en Salud desde la década del 60′ en diversos países -principalmente para tratar a los militares que debían pasar meses en altamar o en lugares remotos-, hoy en día el desarrollo de la telemedicina tiene una experiencia probada. Es más: sus potencialidades están en continua innovación e implementación, dadas la falta de oferta de especialistas y las condiciones geográficas, entre otros factores, a la hora de satisfacer la demanda de prestaciones en salud de mayor complejidad. Nuestro país, Chile, no está exento de esta situación y ha tomado medidas al respecto. 

Pero, ¿qué es la telemedicina? Lo más probable es que la mayoría de las personas la relacionen a una pantalla con un médico del otro lado, o -quizás- a un robot de alta tecnología. La verdad es que la telemedicina es un concepto mucho más amplio, que se refiere a todas las herramientas que permiten y facilitan la atención de personas a distancia.

Esto significa que una relación entre el médico y su paciente no sólo necesita una pantalla para llamarse telemedicina, si no simplemente el uso de la video-llamada se definiría como tal. En esta interacción surgen una serie de necesidades que debemos tratar de satisfacer, especialmente desde la industria TI para la Salud; por ejemplo, hacer que esa atención quede registrada y asociada a la historia clínica del paciente, disponer de un soporte para entregar y recibir exámenes, almacenar los datos de las atenciones para que luego se pueda hacer gestión con esta información. En otras palabras, es necesario entregar valor agregado a las comunicaciones y disponer de tecnología habilitante para ello, desde ya, sin perder de vista las definiciones de los prestadores sobre el “teleproceso” global involucrado.     

La búsqueda y resolución para aportar al mantenimiento de un alto estándar de calidad en la atención del paciente y, además, facilitar que este tipo de prestaciones sean parte de las otras acciones sanitarias, permiten que los administradores puedan cuantificarlas, estandarizarlas, identificarlas y visualizarlas como un todo integral. 

Ahora bien, si estamos de acuerdo en la necesidad y el aporte que implicaría una integración de las acciones clínicas realizadas a través de telemedicina con la ficha del paciente, deberíamos transitar ese desafío y hacerlo realidad, en beneficio de las personas, los médicos generales y los médicos especialistas, con el claro objetivo de una gestión sanitaria más oportuna, de calidad, eficaz y eficiente.      

En la misma línea y pensando en el “teleproceso” -entendido como la planificación de los procesos asistenciales que implican una acción telemédica de acuerdo a las condiciones particulares que se presenten-, estas herramientas no sólo deben acercar profesionales especialistas a las zonas más extremas del país (o descentralizarlos), sino que además deben entregarles la posibilidad de manejar su tiempo y optimizarlo, dándoles diversos canales de comunicación con los pacientes: chat, video-llamada, mensajes diferidos, mensajes de texto, etc. 

Todo este planteo es en función de aportar a la gestión de la oferta y la demanda, ya que sería utópico pensar que si tenemos pocos especialistas, ellos tendrán tiempo en sus agendas para atender en tiempo real a todos los pacientes que lo necesiten. Debemos considerar que en muchos casos la telemedicina se utiliza para confirmación de diagnóstico, lo cual sin ningún problema podría realizarse en diferido, satisfaciendo la demanda y aportando en la disminución de las listas de espera. 

En nuestro país el desarrollo de la telemedicina ha estado presente mediante el avance en la aplicación de diversas herramientas en función de las necesidades del sector, y hoy la agenda de la autoridad sanitaria plantea su reforzamiento y ampliación, tanto de cobertura como de complejidad, para satisfacer -principalmente- la falta de especialistas. Qué duda cabe, en Chile es una necesidad urgente e importante y, por tanto, es un tema a abordar, con una visión innovadora en su más amplio sentido. 

Telemedicina y Salud Virtual

La telemedicina -con todos sus elementos de apoyo diagnóstico, usando plena e intensivamente los medios de comunicación- genera un espacio de aprendizaje, de capacitación y de comunicación multidireccional, que debe soportar distintos tipos de relación; es por ello que podríamos usar el término Salud Virtual para englobar la gran cantidad de desafíos que busca enfrentar la telemedicina en la actualidad. 

La comunicación entre dos o más médicos, por ejemplo, como también la de médicos con especialistas, busca satisfacer las demandas asistenciales y crear espacios educativos sobre diagnósticos y tratamientos comunes. Asimismo, la comunicación desde el paciente hacia el médico, conocida como Gestión Remota de Pacientes, permite monitorear patologías en pacientes crónicos o bajo control.  

Finalmente, y no por ello menos importante, la Salud Virtual también puede incorporar la comunicación entre pacientes, permitiendo generar redes de contacto de apoyo y consejos según sus patologías, generando un ambiente virtuoso de socialización de información, horizontal y dinámica, que colabore con la condición de salud y cuidados del paciente.