Por Mario Ruiz

En las últimas décadas la mayoría de los países de la América Latina y el Caribe han implementado reformas en sus sistemas de salud, como parte del proceso de desarrollo social y económico en la región, dirigidas a acceder a servicios de salud de mejor calidad y a disminuir las desigualdades generadas en el interior de los propios sistemas, sea en términos de oferta de servicios y prestaciones, o sea en términos de prioridades en la atención. Las pautas en salud hoy forman parte de una agenda sólida de derechos sociales, y las decisiones sobre la expansión del acceso, calidad y generación de mayor equidad en la oferta de salud, son afrontadas por la necesidad de controlar el constante aumento del gasto en salud. Asimismo, el crecimiento de la participación social y de la ampliación a los medios de comunicación genera mayores exigencias y demandas a los sistemas de salud.

En tal contexto, y en los últimos años, varios países de América Latina vienen invirtiendo en la construcción de propuestas nacionales dirigidas al desarrollo de acciones que buscan beneficiarse con la incorporación de Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), con el objetivo de mejorar el desempeño en la gestión y en la calidad de la oferta de servicios. A pesar de este esfuerzo, algunos estudios realizados han identificado fragilidades en los sistemas de información en salud, que afectan a la toma de decisión y comprometen los resultados del sector.

Estas debilidades afectan la gestión del sector limitando la capacidad de los organismos rectores para formular metas asistenciales a ser cumplidas por los prestadores: (i) monitoreo de las prestaciones y verificación del cumplimiento de las mismas; (ii) gestión de resultados y control del uso de los recursos; y (iii) limitación de los servicios de salud en su calidad y eficiencia por la falta de disponibilidad suficiente y oportuna de información sanitaria de los pacientes, así como por un escaso aprovechamiento de las ventajas que brindan las TIC.

Tomando en consideración la escasa formación, experiencia y conocimiento del tema HCE, el disponer de un espacio que integre experiencias y buenas prácticas de quienes ya recorren este camino sería un recurso de gran valor tanto para países que ya viene de una trayectoria en el tema, como para aquellos que recién comienzan a enfocarse a la materia. La Red para el Desarrollo de la HCE crearía un mecanismo claro y sistemático de trabajo colaborativo mediante un Comité Técnico Regional, para que los buenos procedimientos y resultados obtenidos en un país se aprovechen en otros, ganándose en eficiencia y eficacia.

El Banco Interamericano de Desarrollo apoya esta iniciativa a través del Programa Bienes Públicos Regionales con el fin de dar respuesta a los desafíos descritos. Este proyecto denominado “Red para el Desarrollo de la Historia Clínica Electrónica en América Latina y el Caribe”, tiene por objetivo apoyar a los países en establecer un medio de intercambio permanente de conocimiento y de experiencias que les permita definir estándares comunes para la futura generación de una Historia Clínica Electrónica Regional (HCE).

Específicamente se apoyará el desarrollo de una red de colaboración para la coordinación e intercambio de conocimientos y experiencia sobre HCE, para que los buenos procedimientos, lecciones aprendidas y resultados obtenidos puedan ser traslados de un país a otros, ganándose en eficiencia y eficacia.

La Fundación Julio Ricaldoni con sede en Montevideo, Uruguay, fue elegida como Organismo Ejecutor del Proyecto con la tarea de coordinar y desarrollar todas las actividades necesarias para la obtención de los objetivos y resultados esperados.

Actualmente participan en el proyecto representantes de Colombia, Chile, Costa Rica, Perú y Uruguay.