Parece ciencia ficción, pero es real: tras veinte años de investigación, en los próximos meses se testeará un páncreas artificial que regularía automáticamente el nivel de azúcar en sangre en pacientes con diabetes tipo 1.

El dispositivo ha sido diseñado por investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Virginia (UVA) y de la Escuela de Ingeniería y Ciencias Aplicadas John A. Paulson de la Universidad de Harvard.

“Nuestro principal objetivo es establecer un nuevo paradigma en el tratamiento de la diabetes: el páncreas artificial no es un dispositivo con una sola función, es una red adaptable y usable que rodea al paciente en un ecosistema de tratamiento digital”, describe Boris Kovatchev, director del Centro de Tecnología para la Diabetes de la UVA.

El páncreas artificial no es una réplica de un órgano. Se trata, más bien, de un sistema de administración de insulina automatizado que funciona como un circuito cerrado y está compuesto por:

  • Una bomba de insulina
  • Un sensor que se ubica debajo de la piel del paciente y monitorea de forma constante la glucosa
  • Un algoritmo de control avanzado embebido en un celular

“La idea de esta herramienta es mejorar y extender la calidad de vida de los individuos”, comenta el director del proyecto, ingeniero Francis J. Doyle III.

La iniciativa está pensada para proveer el nivel de insulina apropiado según la medición en sangre y también para predecir futuros cambios de glucosa. “El mayor desafío en el diseño del páncreas artificial es la inherente incertidumbre respecto al cuerpo humano. Día a día, hora tras hora, los diferentes factores estresantes que impactan en el organismo cambian la forma en que el cuerpo responde a la insulina: estrés físico, ansiedad, cambios hormonales…”, detalla Doyle. Para lograr este objetivo, el aparato funciona según diferentes variables del usuario: las comidas consumidas, la actividad física, las horas de sueño, el estrés y el metabolismo.

Con el objetivo de recolectar toda la información necesaria para satisfacer los requerimientos de regulación de la Food and Drug Administration (FDA) estadounidense y otras agencias internacionales, el páncreas artificial será testeado en 240 pacientes, en nueve regiones de Estados Unidos y en Europa.

Las pruebas durarán seis meses cada una y comenzarán este año con la colaboración de otras instituciones asociadas: el Hospital Mount Sinai de Nueva York, la Mayo Clinic, la Universidad de Stanford, la Universidad de Colorado, la Universidad de Padua de Italia, el Centro Hospitalario Regional Universitario de Montepellier de Francia, el Centro Académico de Medicina de Amsterdam de Holanda, el Centro de Diabetes William Sansum de Santa Bárbara y el Centro de Investigación Sanitaria JAEB de Florida.

En la primera de las dos pruebas piloto, se testeará la seguridad y la eficacia del páncreas artificial en 240 pacientes durante seis meses. En esta instancia, se evaluará qué tan bien se controlan los niveles de azúcar en sangre y si el riesgo de hipoglucemia disminuye. Luego, 180 pacientes que hayan sido parte de la primera evaluación participarán de la segunda prueba durante otros seis meses, esta vez para testear la adopción avanzada del algoritmo de control.

“Para ser exitoso como un tratamiento óptimo para la diabetes, el páncreas artificial debe demostrar su seguridad y eficacia en pruebas piloto de larga duración en el cuerpo del paciente”, justifica Kovatchev.

DATO: El proyecto demandó una larga investigación y contó con una inversión de doce millones y medio de dólares otorgados por los Institutos Nacionales de Salud (NIH).

Fuente: Escuela de Ingeniería y Ciencias Aplicadas de la Universidad de Harvard; Paul Karoff.