El objetivo es que, a modo de herramientas lúdicas, brinden competencias cognitivas y sociales para enfrentar esas problemáticas actuales.
En una época en la que las nuevas tecnologías están profundamente arraigadas en la vida cotidiana de niños y adolescentes, dos proyectos de investigadores del CONICET, de la Universidad Austral (UA) y de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE), apuestan por un enfoque innovador: el uso de videojuegos y simulaciones virtuales para prevenir problemáticas tan complejas como el grooming y el bullying.
Ambas iniciativas se inscriben en el enfoque de “Serious Games” o “videojuegos serios”, que combinan el atractivo del entretenimiento con un propósito educativo y transformador.
«La idea es que estas herramientas, que actualmente están en proceso de producción, sean de acceso gratuito, estén a disposición del ámbito educativo y de las familias y sirvan para educar, sensibilizar y transformar conductas desde una edad temprana para que chicos y adolescentes puedan prevenir y proceder de una forma adecuada frente al grooming y el bullying”, explica Santiago Resett, doctor en Psicología e investigador del CONICET en el Instituto de Filosofía de la Universidad Austral.
Un videojuego para prevenir el grooming
Este videojuego está dirigido a niños y niñas de entre nueve y once años. Con una narrativa detectivesca, los jugadores –asistidos por educadores y padres- deben investigar la desaparición de un niño, recolectando pistas digitales —mensajes, interacciones en redes sociales, búsquedas en internet, yendo al colegio y hablando con el director de la institución— hasta descubrir que fue contactado por un adulto a través de una plataforma online. El juego emite consejos sobre qué se puede hacer para evitar este tipo de peligros.
“Dado que los adultos que hacen grooming están buscando vulnerabilidades, la idea de este videojuego es concientizar sobre el uso cauteloso de las redes sociales, de no hablar con desconocidos, no poner información personal, no exponer datos de donde se vive, a qué escuela se va y tampoco información personal, como ‘me siento mal’, ‘me siento feo, fea, siento que nadie me quiere’, y otros ejemplos”, afirma Resett, quien también es licenciado en Educación y docente de la (UADE) y de la Universidad Católica Argentina (UCA).
Realidad virtual para combatir el bullying
El segundo proyecto se trata de una simulación virtual orientada a adolescentes, donde el jugador se convierte en testigo de una situación de bullying escolar. Insultos, empujones, hostigamiento verbal, todo se vive desde el rol del espectador, quien debe decidir cómo actuar ante lo que ve.
“Es un modelo de árbol de decisiones, tipo ‘elige tu propia aventura’. El jugador puede sumarse a la agresión, retirarse sin intervenir o buscar ayuda de un adulto. En cada caso, el sistema le devuelve una consecuencia: desde un llamado de atención hasta un reconocimiento positivo”, detalla Resett ,quien participa de este proyecto liderado por Juan Gill, director del Departamento de Diseño, Interacción, Innovación y Tecnología de la UADE.
El corazón de esta simulación es trabajar el rol de los espectadores, un aspecto históricamente poco abordado en la prevención del bullying. “La mayoría de los adolescentes no hacen bullying, pero muchos lo avalan pasivamente, aplauden, filman, lo naturalizan. Y eso también es ser parte del problema”, explica. “Esta herramienta busca fomentar la empatía, promover el coraje civil para intervenir o pedir ayuda, y romper el mito de que ‘entre chicos no hay que involucrar adultos’”, señala Resett.
Videojuegos con propósito educativo
Una vez desarrollados el videojuego y el simulacro virtual, podrán ser utilizados en instituciones educativas y familias. Y si bien los usuarios serán niños y adolescentes, los proyectos subrayan la necesidad de trabajar también a nivel comunitario, con docentes, padres y madres, y de repensar la crianza en la era digital. “Hoy muchos padres entregan un celular como un ‘chupete electrónico’, sin monitoreo ni límites. Hay una falsa sensación de seguridad: el niño está en casa, pero puede estar expuesto a peligros enormes desde una pantalla”, advierte Resett.
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