Formación medica: educar para innovar

Entrevistas

Germán Fajardo Dolci, director de la Facultad de Medicina de la UNAM de México, una de las más importantes de Latinoamérica, habla sobre estrategias innovadoras para mejorar las competencias de los alumnos en el pregrado, incluyendo el uso de herramientas digitales para la toma de decisiones y la publicación de investigaciones.

Por Matías Loewy

El doctor Germán Fajardo Dolci es médico otorrinolaringólogo, maestro en Alta Dirección y director de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), “la más antigua y la más importante del país por su tamaño, su cantidad de alumnos y carreras y sus egresados a lo largo de los siglos”, dice. Con orígenes que se remontan a mediados del siglo XVI, la casa de estudios hoy ofrece la carrera de médico-cirujano, que cursa un 94% de sus 8.000 alumnos del pregrado; pero también ofrece licenciaturas en Neurociencias, en Ciencia Forense, en Fisioterapia, en Investigación Biomédica Básica y Nutrición Humana, además de un Plan de Estudios Combinados en Medicina (PECEM), que conjuga la licenciatura y el doctorado en Medicina a lo largo de hasta 9 años. En diálogo con E-Health Reporter Latin America, Fajardo, quien inició en 2020 un segundo período en el cargo (hasta 2024) aborda los desafíos, progresos, herramientas y proyectos para mejorar las competencias de los futuros médicos

. ¿Qué tan preparado han estado los graduados de Medicina para ingresar en el competitivo mercado laboral?

Los egresados tienen todas las posibilidades, tan grandes como el alfabeto: yo digo que va desde la A de la antropología hasta la Z de la zoología. Ese es el espectro. Por supuesto que tenemos al médico que quiere atender pacientes, que quiere hacer medicina general o alguna especialidad. Pero cuando quiere hacer una especialidad tiene que aprobar al Examen Nacional de Aspirantes a Residencias Médicas (ENARM), algo que logra alrededor de un tercio de los aspirantes. Sin embargo, esa es la parte más conocida, pero hay otras áreas de la medicina, que tienen que ver con la vida real y que no necesariamente son las tradicionales clínicas. Por ejemplo, maestrías y doctorados en salud pública, administración, epidemiología, etcétera. Nuestros egresados se dedican a actividades muy variadas y la mayoría son egresados exitosos.

. ¿De qué manera ha intentado modificar los planes de estudio para que los profesionales estén mejor preparados para afrontar los retos del futuro?

El plan de estudio tiene 10 años. Y por normatividad tienen que pasar los primeros egresados del plan para poder evaluarlo. Pero estamos en esta propuesta para un nuevo plan, para que sea algo mucho más dinámico. Estamos buscando que el nuevo plan sea sumamente flexible y que nos permita incorporar todo lo que se está incorporando todos los días. Parecería que la atención médica va a una velocidad y las facultades de Medicina, más lentamente. Hemos podido impulsar materias optativas y seminarios permanentes, como uno muy exitoso sobre salud digital en conjunto con la Fundación Slim. Y que cubre temas que no estaba incluidos en el plan de 2010, como las llamadas “ómicas” (como genómica y proteómica), internet de las cosas, la impresión en 3D, los nanorrobots… estamos tratando así que sepan lo que está ocurriendo e incorporen más conocimiento de lo que les interese.

. Otro de los avances en la modernización del currículo médico consiste en un mayor enfoque en la investigación. ¿Cuál ha sido la motivación para poner énfasis en ese terreno?

México (como Latinoamérica en general) es más consumidor que generador del conocimiento. La mayoría de lo que leemos proviene del extranjero. Sin dudas, necesitamos fortalecer esa área. En la parte de investigación, tenemos el programa del PECEM y el doctorado, pero también tenemos un programa que se llama AFINES (Apoyo y Fomento a la Investigación Estudiantil) y al que se suman un 20% de los alumnos por año que tienen interés en investigar y por eso se incorporan a algún laboratorio, a un centro de investigación hospitalario o universitario. Otra herramienta que usamos es el programa Research to Publication (RtoP) del BMJ, y que nos ha resultado sumamente útil.

. ¿Qué buscan?

Lo que queremos es que, a través de este tipo de programas, los alumnos no solo se familiaricen con la investigación, sino que también puedan lograr una mejor publicación. Tenemos muchas limitaciones: no necesariamente sabemos todos los pasos, el idioma limita también la escritura técnica.  Programas como el RtoP ayudan a que el profesor y el alumno no solo adquiera más conocimientos y los apliquen, sino que la investigación en la vida real pueda llegar a un mejor fin y tener más difusión y alcance. Lo tenemos para pregrado y también ayuda a que los residentes publiquen un artículo (requisito para su formación) en una revista importante, con factor de impacto, de modo que lo que produzcan sea leído y ayude a otros colegas a avanzar en el conocimiento y mejorar la atención de los pacientes. Por supuesto, tener esos conocimientos y capacidades también ayuda a discernir qué es lo que hay que leer y qué no, si la metodología de un estudio publicado, el tamaño de la muestra o la comparación con el estándar de referencia son adecuados. Lo cual también es fundamental antes de encarar el propio proyecto de investigación.

. También han impulsado desde hace varios años la simulación clínica como una estrategia educativa. ¿Sería algo parecido a los simuladores de vuelo para preparar a los futuros médicos antes de que “despeguen”?

Claro. El contacto temprano de los alumnos con los pacientes es básico, no solo por la adquisición de competencias técnicas propias, sino también las competencias transversales, las que tienen que ver con el trato, la interacción con la familia, la ética o el profesionalismo. Eso se aprende muy fácil viendo al médico cómo trata y explica al paciente, cómo transmite las propuestas terapéuticas o de educación, etcétera. Pero también se desarrollan esas aptitudes mediante la simulación. Tenemos dos centros de simulación, uno de pregrado y otro de posgrado. Lo que queremos es que, como en los aviones, antes de hacer un procedimiento, diagnóstico o indicación el alumno o graduado tenga que pasar por el simulador hasta que adquiera las competencias, o refuerce las ya aprendidas (porque hacerlo una vez al año no es suficiente para garantizar la seguridad del paciente). Así que hay simulaciones con la cámara Gesell, con cámaras y micrófonos, donde el estudiante interroga al paciente de manera técnica y humana; y también con maniquíes, donde mediante computadores se observa cuál es la respuesta en términos de signos vitales de determinadas intervenciones, como puede ser la administración de un medicamento.

. Respecto a la incorporación desde el pregrado de herramientas digitales para la toma de decisiones clínicas. ¿cuál ha sido la experiencia con BMJ Best Practice?

Hay varias herramientas con ese fin en el mercado y Best Practice de BMJ es una de ellas. A nosotros nos ha funcionado muy bien. Para el médico que está con un paciente y se hace cualquier pregunta clínica, de diagnóstico de tratamiento, de pronóstico, de repente no tenemos el tiempo para buscar toda la información que hay sobre determinado tema. Y justamente este tipo de herramientas ayuda a sintetizar y si uno hace la pregunta correcta, ayuda a tener la respuesta correcta y poder plantear al paciente las mejores opciones para él y su entorno.

. ¿De qué manera proyecta que la transformación digital va a impactar en el ejercicio laboral del médico del futuro?

Muchísimo. No es una cuestión de opinión, lo estamos viendo. Esta pandemia ha logrado que muchas herramientas que teníamos disponibles pero que nos rehusábamos un poco a usar, como la telemedicina, hayan llegado para quedarse. Los pacientes por diversos motivos tienen “nosofobia”, que es el temor de ir al hospital. El paciente quería ir y platicar con el médico, y hoy muchas veces lo hacen a través de estas vías. También hay dispositivos inteligentes que permiten que el médico pueda saber cómo amaneció la glucosa, cuál es la presión arterial o distintos signos vitales. Y ya tenemos encima y hay que profundizar la medicina personalizada, que hoy puede parecer más cara, pero que la final va a ser más barata, porque saber qué fármaco le sirve a una persona o cuál es su riesgo de desarrollar una enfermedad permite dirigir de manera específica la prevención o el tratamiento. 

. ¿Sigue viendo pacientes?

He dejado en los últimos años de ver pacientes, por el tiempo que me lleva esta responsabilidad. Pero es difícil que un médico con verdadera vocación de servicio se pueda escapar de las tres “patas”: la atención médica, la educación y la investigación. Me gustaría que cada alumno que pase por la facultad pueda lograr su sueño particular, cualquiera sea su área de desempeño. No todos podemos ser médicos tan famosos como el Dr. Ignacio Chávez (1897-1979). pero si podemos ser mejores cada día. La única respuesta para eso es la dedicación, el empeño, el trabajo y la vocación de servir a los demás. 

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