Inteligencia artificial, hospitales digitales, nuevas regulaciones, costos crecientes y pacientes cada vez más exigentes. El HIMSS Executive Summit Brasil 2026 llega a São Paulo para debatir una pregunta que el sector ya no puede seguir postergando: ¿cómo transformar tanta innovación en un sistema de salud que realmente funcione?
Por Alex Julian, Chieff Information Officer e integrante del comité científico HIMSS Brasil
Imaginen la siguiente situación: Te despiertas con dolor, agendas una consulta, le cuentas toda tu historia al médico, te haces algunos estudios y recibes una indicación. Días después, consultas a otro especialista. Y ahí vas otra vez, contando todo desde el principio. Nuevos formularios, las mismas preguntas y nuevos estudios.
Mientras tanto, en algún lugar, un hospital está implementando inteligencia artificial, otro anuncia una plataforma digital revolucionaria y un tercero celebra una nueva certificación internacional.
¡Todo muy moderno! Pero el paciente sigue llevando sus estudios de un lado a otro, cuando no tiene que recurrir al famoso PDF enviado por WhatsApp.
Algo no está encajando en esta historia. Y es justamente esta contradicción la que hace tan importante el debate sobre el futuro de la salud en nuestro país.
El 16 de noviembre de 2026, São Paulo recibirá el primer HIMSS Executive Summit de Brasil, en el Centro de Convenciones Rebouças. El encuentro reunirá a líderes de la salud pública y privada, hospitales, aseguradoras de salud, empresas de tecnología, universidades y especialistas.
Y el tema central, Healthcare Agenda 2030: los nuevos desafíos de la innovación, no podría llegar en un momento más oportuno. Porque, seamos sinceros, hablar de innovación en salud se volvió algo habitual, pero el verdadero desafío es responder quién está pagando la cuenta, quién está recibiendo los beneficios y qué ha cambiado realmente en la vida de las personas.
La salud brasileña está creciendo. Pero ¿se está volviendo más saludable?
Brasil está viviendo una transformación importante en el sector. Según la Agencia Nacional de Salud Suplementaria (ANS), el país superó los 53 millones de beneficiarios de planes privados de salud en 2026. En 2025, estos beneficiarios realizaron aproximadamente 2.000 millones de procedimientos, entre consultas, estudios, hospitalizaciones, terapias y atenciones odontológicas.
Son muchísimas personas, muchísimas atenciones y una enorme cantidad de recursos en movimiento.
Al mismo tiempo, hospitales, clínicas, aseguradoras y gestores públicos enfrentan un desafío que no desaparece simplemente comprando un nuevo sistema: hacer más, hacerlo mejor y, de ser posible, gastar de manera más inteligente.
La población envejece, las enfermedades crónicas requieren seguimiento continuo, las nuevas terapias amplían las posibilidades de tratamiento y los costos presionan presupuestos que ya están bastante ajustados.
Del otro lado, hay un paciente al que no le interesa saber cuántos sistemas tiene el hospital, cuántas integraciones se completaron o cuánto cuestan la seguridad de la información y los servidores necesarios para mantener todo funcionando. Él quiere atención, seguridad, información y respeto por su tiempo.
Y aquí surge una de las preguntas más importantes de la agenda del Summit: ¿cómo equilibrar regulación, financiamiento y calidad de la atención sin convertir la salud en una cuenta que nadie consigue cerrar?
La respuesta no está solamente en la tecnología. Puede estar en la manera en que organizamos el sistema, remuneramos los servicios, compartimos información, prevenimos enfermedades y medimos resultados. El modelo basado principalmente en tratar las enfermedades necesita convivir, cada vez más, con estrategias de prevención, seguimiento y coordinación de la atención.
Después de todo, evitar una hospitalización innecesaria puede ser mucho mejor para el paciente y para la sostenibilidad del sistema que simplemente conseguir que esa hospitalización sea más económica. Parece obvio. Pero lo obvio, cuando involucra intereses diferentes, suele dar muchísimo trabajo.
Inteligencia artificial: ¿llegó la hora de mostrar resultados?
Pocos temas han despertado tanta atención como la inteligencia artificial.
Ayuda a interpretar imágenes, organizar información clínica, automatizar actividades administrativas, apoyar decisiones e identificar patrones que serían difíciles de detectar manualmente. ¡¡Su potencial es enorme!!
Pero existe una distancia considerable entre una demostración impresionante (en la jerga corporativa, una PoC — Proof of Concept) y una solución que funciona todos los días y genera valor dentro de una organización de salud.
Es la diferencia entre presentar una IA que promete reducir los tiempos de atención y demostrar que realmente los redujo, sin comprometer la seguridad del paciente ni sobrecargar a los profesionales.
La programación de HIMSS dedica un panel a la gobernanza de la IA: de la estrategia a los resultados, un debate que considero fundamental para el momento que estamos viviendo.
Después de todo, ¿quién responde cuando un algoritmo se equivoca? ¿Quién verifica la calidad de la información utilizada? ¿Cómo garantizar privacidad, transparencia y supervisión humana? Y, principalmente, ¿cómo demostrar que la inversión realmente mejoró algo?
Quizás estamos entrando en la etapa más importante de la IA en salud: aquella en la que el entusiasmo necesita encontrarse con la responsabilidad. Ya no basta con decir que una institución utiliza IA. Es necesario demostrar qué problema se resolvió, qué riesgos se controlaron y qué resultados se alcanzaron.
Y resultados no significan solamente ahorro… Puede ser un diagnóstico más rápido, menos tiempo de espera, un equipo asistencial con mayor disponibilidad o un paciente que recibe atención antes de que su condición empeore.
La IA en salud no debería ser una competencia para ver quién la implementa primero o quién tiene el algoritmo más sofisticado. Debería ser una carrera para descubrir quién consigue cuidar mejor a las personas.
El paciente está en el centro. ¿Alguien se lo avisó a los procesos?
Hace años escuchamos que el paciente debe estar en el centro de las decisiones. La frase aparece en planes estratégicos, presentaciones institucionales, campañas publicitarias y discursos de prácticamente todas las organizaciones del sector.
Pero basta con acompañar el recorrido de una persona entre consultas, estudios, autorizaciones, hospitalizaciones y controles para darse cuenta de que todavía existe una distancia considerable entre la intención y la realidad. El paciente sigue teniendo que adaptarse a la organización, cuando debería ser exactamente lo contrario.
La nueva estrategia de atención, otro de los temas del Summit, pasa necesariamente por este cambio.
No se trata solamente de ofrecer aplicaciones, teleconsultas o turnos digitales. Se trata de conectar los diferentes momentos del recorrido del paciente, reducir etapas innecesarias, facilitar el acceso a la información y ofrecer una experiencia cada vez más humana.
¡Sí, más humana! Porque la tecnología debería liberar cada vez más tiempo de los profesionales para aquello que realmente importa: escuchar, orientar, acompañar y cuidar. En mi trabajo, esta es una búsqueda incansable: lograr que la tecnología sea estratégica y genere valor, en lugar de representar solamente un costo.
¿Se imaginan a un equipo de enfermería dedicando menos tiempo a registros repetitivos y más tiempo a los pacientes? ¿O a un médico que pueda acceder a información relevante sin tener que navegar por innumerables pantallas o sin tener un monitor entre él y su paciente?
Y hay un detalle que frecuentemente olvidamos: la mejor tecnología no es necesariamente aquella que el paciente percibe. Es aquella que elimina un problema que nunca debería haber tenido que enfrentar.
Un país, miles de sistemas y una información que no consigue viajar
Sin duda, uno de los mayores desafíos de la salud brasileña está en algo que rara vez recibe la misma atención que recibe la IA: lograr que los sistemas se comuniquen entre sí (integración).
Hospitales, laboratorios, clínicas, aseguradoras y servicios públicos producen enormes cantidades de información. El problema es que esa información no siempre consigue acompañar a las personas.
Es como si cada organización hubiera construido su propia biblioteca, pero nadie se hubiera puesto de acuerdo sobre cómo compartir los libros. El resultado se traduce en estudios repetidos, historias clínicas incompletas, tareas duplicadas y dificultades para coordinar la atención.
La buena noticia es que Brasil está avanzando mucho en esa dirección: en octubre de 2026, el Ministerio de Salud estableció la Política Nacional de Información y Salud Digital, consolidando lineamientos para ampliar el uso seguro e integrado de la información en el SUS, el Sistema Único de Salud de Brasil.
La iniciativa fortalece la Red Nacional de Datos en Salud (RNDS), la telesalud y los mecanismos para que la información acompañe a los ciudadanos a lo largo de todo su recorrido asistencial.
Es un avance relevante, pero la existencia de una política no resuelva, por sí sola, las dificultades de implementación. Conectar sistemas requiere estándares, inversiones, seguridad, colaboración y, principalmente, disposición para superar las barreras entre organizaciones.
Y el panel de HIMSS sobre ecosistemas digitales, innovación e interoperabilidad aborda precisamente esta discusión: la salud del futuro no será construida por una sola empresa, hospital o plataforma. Dependerá de un ecosistema capaz de trabajar de manera integrada, respetando la privacidad y la seguridad de la información.
Y creo que aquí vale la siguiente pregunta: ¿de qué sirve tener hospitales extremadamente digitales si el paciente sigue viviendo una experiencia completamente fragmentada?. Digitalizar una organización es un logro. Conectar la atención es un desafío mucho mayor.
El hospital puede ser digital. ¿Y las personas?
Existe otro aspecto esencial de esta transformación: los profesionales.
¿De qué sirve instalar sistemas modernos, automatizar procesos y contratar las mejores plataformas disponibles si las personas no comprenden el cambio, no participan en las decisiones o no están preparadas para trabajar de otra manera? Difícilmente obtendremos los resultados esperados.
Por eso, considero especialmente relevante el panel del Summit sobre la transformación desde adentro hacia afuera, que coloca al colaborador como protagonista.
Transformación digital no significa simplemente enseñarle a alguien a utilizar una herramienta. Significa repensar la manera en que se realiza el trabajo. Significa cuestionar actividades que no agregan valor, reducir burocracias, acercar a los equipos asistenciales y administrativos y construir una cultura en la que la tecnología sea percibida como un apoyo, no como una amenaza.
También significa reconocer que los cambios generan inseguridad, requieren aprendizaje y necesitan liderazgo. No existe un hospital inteligente si sus profesionales son ignorados durante el proceso.
Y, sin duda, una de las grandes competencias de los líderes de salud en los próximos años será conectar conocimiento clínico, gestión, tecnología y comportamiento humano. Porque no basta con liderar la implementación de sistemas. Será necesario liderar la transformación de las organizaciones.
Después del nivel 7, ¿qué viene?
Otro debate interesante de la programación aborda la madurez digital después del nivel 7, una referencia utilizada en modelos internacionales de HIMSS para evaluar el avance de la digitalización hospitalaria.
Alcanzar niveles elevados de madurez representa un logro importante. Demuestra capacidad para organizar procesos, utilizar información e incorporar tecnología a la atención asistencial. Pero hay una pregunta que debería acompañar cualquier certificación: ¿y después?
Una institución digitalmente madura necesita seguir evolucionando, porque la madurez no debería representar una línea de llegada. El siguiente paso es transformar esa capacidad en mejores decisiones, mayor seguridad, eficiencia y resultados asistenciales.
Es pasar de preguntarnos «¿qué tan digitales somos?» a «¿cuánto valor está generando nuestra capacidad digital?».
Esto también exige indicadores que vayan más allá de la cantidad de sistemas implementados o procesos automatizados. Necesitamos pensar en términos de:
¿Cuánto tiempo se les devolvió a los profesionales?
¿Cuántas etapas innecesarias se eliminaron?
¿Cómo evolucionaron los resultados clínicos?
¿Mejoró la experiencia del paciente?
¿La organización se volvió más sostenible?
Estas respuestas deberían ocupar cada vez más espacio en las reuniones de los ejecutivos de salud. Porque las certificaciones reconocen logros importantes. Pero es en la vida real donde el valor de la transformación necesita ser evidente.
2030 está a la vuelta de la esquina. Y 2027 comienza ahora.
La pregunta que resuena a lo largo de toda la programación es precisamente la que se reservó para el cierre del Summit: ¿qué vamos a hacer diferente en 2027?
Me gusta especialmente este enfoque porque saca el debate del terreno de las tendencias y coloca la responsabilidad donde corresponde: en las decisiones.
Es fácil estar de acuerdo con que necesitamos más integración, inteligencia artificial responsable, profesionales preparados y pacientes en el centro de la atención.
Ahora bien, ¿cómo transformamos estas intenciones en presupuestos, prioridades, proyectos y resultados? Especialmente en un sector donde las urgencias de hoy (clínicas o financieras) frecuentemente consumen los recursos que deberían preparar el mañana.
El HIMSS Executive Summit Brasil llega en un momento en el que el país necesita conectar debates que muchas veces ocurren por separado: el financiamiento de la salud, la regulación, la innovación tecnológica, la calidad asistencial y la sostenibilidad de las organizaciones.
Son temas que ya no pueden tratarse como agendas independientes. No habrá transformación digital sostenible sin un modelo económico viable. No habrá inteligencia artificial confiable sin gobernanza. No habrá atención integrada sin intercambio seguro de información. Y no habrá un cambio verdadero sin personas preparadas para llevarlo adelante.
El futuro de la salud brasileña estará determinado por nuestra capacidad para equilibrar estos elementos.
Este encuentro será una oportunidad importante para reunir diferentes visiones alrededor de una misma mesa, confrontar desafíos y compartir posibles caminos.
No espero respuestas mágicas. Pero tengo la certeza de que las buenas preguntas, hechas a las personas adecuadas, pueden acelerar cambios relevantes.
Y Brasil necesita estas conversaciones.
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¡¡¡#VemPraHIMSSBrasil!!!

