Empoderar al paciente a través de la tecnología

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Por José Fernández Figueroa, Médico – CEO Rayen Salud

La OCDE ha señalado que la digitalización sanitaria no le está llegando al paciente. Mientras el 95% de los centros de salud en los países desarrollados ya cuentan con registros electrónicos, apenas un 18% de los pacientes sabe que puede acceder a su historial online. En Latinoamérica, esta brecha no es solo una estadística, es el síntoma de un modelo que sigue tratando al ciudadano como un invitado de piedra en su propio cuidado.

El problema central es que en la digitalización no se ha considerado el empoderamiento del paciente. Hemos colmado los hospitales de software y servidores, pero hemos fallado en el paso más crítico: devolverle al paciente la propiedad de su historial médico. Hoy, la falta de interoperabilidad real obliga a las personas a convertirse en «transmisores de datos». Es el «paciente cartero», aquel que debe ir de un especialista a otro cargando bolsas con exámenes, repitiendo una y otra vez sus síntomas y antecedentes porque los sistemas no conversan entre sí.

La arquitectura tecnológica de Latinoamérica debe dar un salto cuántico hacia la soberanía sobre los datos. El paciente debe ser el dueño y el centro de su información, no por un capricho técnico, sino porque los datos demuestran que cuando una persona accede a su registro, su participación en la atención mejora, la confianza en el sistema crece y los resultados de salud son mejores. Se trata de diseñar infraestructuras que garanticen que, si un paciente se atiende en una zona rural y luego debe ser derivado a la capital, su información viaje con él, bajo su control y con total seguridad.

Sin embargo, la OCDE es clara al señalar que la infraestructura técnica no garantiza una participación significativa. El empoderamiento requiere más que tecnología. Necesitamos un marco normativo que priorice el control del paciente y, fundamentalmente, una inversión masiva en alfabetización digital y sanitaria. No podemos pedirle a un ciudadano que tome decisiones informadas sobre su salud si el sistema que lo atiende lo mantiene en la oscuridad respecto de sus propios datos. Los proveedores de salud deben dejar de ser custodios exclusivos de la información para convertirse en facilitadores de la misma.

En este desafío, la experiencia de Rayen Salud en Chile ofrece una hoja de ruta valiosa. Al implementar registros clínicos que trascienden las fronteras geográficas y administrativas, se ha demostrado que el historial médico puede dejar de ser un archivo cautivo de un hospital para convertirse en un activo del ciudadano. Este modelo rompe el monopolio del dato por parte del prestador y establece una base donde la información está disponible allí donde el paciente la necesite, permitiendo una trazabilidad real de su cuidado a lo largo de toda su vida.

El paso es cultural, debemos pasar de un sistema que «almacena registros» a uno que «habilita personas». La verdadera transformación ocurrirá cuando un ciudadano no tenga que pedir permiso para acceder a su propia historia clínica, sino que la lleve consigo como un derecho de su propiedad. Solo cuando el acceso a la información de salud sea tan natural como revisar una cuenta bancaria, habremos dejado de construir sistemas para las instituciones y empezado, finalmente, a sanar a las personas.

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